PCTI Euskadi 2030: futuro no es sinónimo de porvenir, porque el futuro se construye
El Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación Euskadi 2030, que hemos recorrido en las últimas semanas, no es un plan pensado para predecir el futuro y responder a la predicción. Es un plan para construir el futuro, porque no entendemos el futuro como porvenir sino como quehacer.
Durante buena parte del siglo XX, el desarrollo económico siguió trayectorias relativamente previsibles: industrialización, crecimiento, expansión de servicios. Los cambios eran relevantes, pero en muchos casos acumulativos.
Hoy el escenario es distinto. La digitalización, la transición energética, la evolución demográfica o los cambios geopolíticos no solo transforman sectores concretos, sino que reconfiguran los fundamentos sobre los que se asientan las economías y las sociedades. En contextos así, anticipar ya no es suficiente. Hace falta orientar, decidir y, en cierto modo, tomar partido.
El Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación Euskadi 2030 se sitúa precisamente en ese lugar: no tanto como un ejercicio de previsión, sino como una propuesta para ordenar el cambio a partir de una idea central. Que el conocimiento —en sus distintas formas— es el principal activo para construir el futuro.
Un sistema, no una suma de piezas
A lo largo de esta serie hemos recorrido los distintos elementos que configuran el Plan. Y quizá una de las conclusiones más evidentes es que no se trata de un conjunto de políticas independientes, sino de un sistema.
Un sistema que comienza con las personas, donde el talento no aparece como un recurso más, sino como el fundamento que permite generar y aplicar conocimiento. Que se apoya en la ciencia de vanguardia, no solo como fuente de avances, sino como la base sobre la que se construyen las capacidades del futuro. Que se proyecta hacia la industria, conectando esas capacidades con el tejido productivo en un contexto de transformación permanente. Que incorpora la dimensión social, reconociendo que innovar no es solo crecer, sino también mejorar la calidad democrática, la cohesión y el bienestar. Y que culmina en la innovación entendida como proceso: el momento en el que el conocimiento se convierte en valor real, económico, social o ambiental.
Vista en conjunto, esta arquitectura refleja una forma de entender el desarrollo que se aleja de los enfoques fragmentados.
Integrar para transformar
Uno de los rasgos más relevantes del planteamiento es su carácter integrador. Durante mucho tiempo, las políticas de ciencia, industria o innovación han evolucionado en paralelo, no siempre de forma coordinada. La reformulación del PCTI intenta precisamente superar esa fragmentación, articulando un modelo en el que los distintos componentes del sistema interactúan de manera continua.
La evolución de la especialización inteligente hacia la RIS4 es un buen ejemplo de este cambio. Al incorporar dimensiones como la sostenibilidad, la inclusión o la cohesión, se amplía el foco de la innovación y se refuerza su conexión con los retos sociales.
Este enfoque no es ajeno a lo que está ocurriendo en Europa. El refuerzo de la innovación disruptiva, la excelencia científica o el Espacio Europeo de Investigación apunta en la misma dirección: construir sistemas más integrados y orientados a impacto.
La diferencia entre decir y hacer
Sin embargo, definir bien una estrategia no garantiza su éxito. Como se ha visto en el recorrido de la serie, la diferencia entre plantear objetivos y alcanzarlos suele encontrarse en aspectos menos visibles: la gobernanza, los recursos y los instrumentos.
Un sistema capaz de coordinar actores diversos, de sostener inversiones en el tiempo y de disponer de herramientas eficaces tiene más posibilidades de transformar sus objetivos en resultados.
Aquí es donde el Plan introduce elementos clave: una gobernanza multinivel, una financiación estable y un policy mix orientado a impacto. No son elementos espectaculares, pero sí imprescindibles.
Innovación para cambiar, no solo para mejorar
Hay otra idea que atraviesa todo el planteamiento: la innovación no se limita a mejorar lo existente. En muchos contextos, innovar ha significado introducir mejoras incrementales. Pero los retos actuales —climáticos, demográficos, tecnológicos— requieren en ocasiones cambios más profundos.
El PCTI incorpora esta lógica de innovación transformadora, en la que la combinación de ciencia, tecnología y acción colectiva permite abordar problemas complejos de forma integrada.
Los Faros de Innovación son, en este sentido, una de las expresiones más claras de este enfoque: orientan el sistema hacia proyectos capaces de generar impacto tangible y de movilizar a múltiples actores.
Pensar a largo plazo en un mundo inestable
Otro de los rasgos distintivos del Plan es su horizonte temporal. En un contexto marcado por la incertidumbre, apostar por el largo plazo puede parecer arriesgado. Sin embargo, es precisamente esa perspectiva la que permite construir capacidades sostenibles.
La incorporación de mecanismos de evaluación y anticipación estratégica introduce una dimensión adaptativa: no se trata de fijar un rumbo inamovible, sino de ajustar la trayectoria en función de cómo evolucione el contexto. Si algo ha mostrado la experiencia reciente es que los sistemas más resilientes no son los más rígidos, sino los que mejor combinan dirección y capacidad de cambio.
Un proyecto que va más allá de la innovación
En última instancia, el PCTI Euskadi 2030 trasciende la lógica de un plan sectorial. No se limita a mejorar indicadores de I+D o de competitividad, sino que propone un modelo de desarrollo en el que el conocimiento ocupa el centro.
Un modelo en el que la economía, la sociedad y la cultura no aparecen como ámbitos separados, sino como dimensiones interdependientes. Un modelo, en definitiva, en el que innovar no es un fin en sí mismo, sino un medio para construir una sociedad más próspera, cohesionada y sostenible.
La serie se cierra… pero el debate continúa
A lo largo de esta serie hemos tratado de leer el Plan desde una perspectiva más interpretativa que descriptiva. No tanto como un listado de medidas, sino como una forma de entender cómo se organiza el cambio en un momento especialmente incierto. Es posible que algunas de sus apuestas acierten más que otras. Es probable también que el contexto obligue a revisarlas con el tiempo.
Pero hay una intuición que parece difícil de discutir: en un mundo en transformación, las sociedades que mejor integren conocimiento, capacidad de acción y proyecto colectivo tendrán mayores posibilidades de definir su propio futuro.
Y esa, en el fondo, es la cuestión. No tanto prever lo que va a venir, como decidir qué y cómo lo queremos construir. Por eso, para cerrar esta serie nos ha parecido oportuna esta cita de Karl Popper (en El mito del marco común):
El futuro está abierto. No está predeterminado y no se puede predecir, salvo por accidente. Las posibilidades que encierra el futuro son infinitas. Cuando digo ‘tenéis el deber de seguir siendo optimistas’, no sólo me refiero a la naturaleza abierta del futuro, sino también a aquello con lo que todos nosotros contribuimos a él con lo que hacemos: todos somos responsables de lo que el futuro nos depare.
Nota:
Este artículo es parte de una serie de nueve anotaciones mediante las que hemos recorrido los grandes apartados del Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación Euskadi 2030 actualizado. Aquí tiene la serie al completo:
El Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación Euskadi 2030: por qué era necesaria su reformulación
Personas de alta cualificación: el cimiento del sistema de ciencia, tecnología e innovación
Ciencia de vanguardia: el futuro empieza antes de que sepamos nombrarlo
Competitividad y liderazgo industrial: de la reconversión a la transformación permanente
Comunidad: cuando la innovación deja de ser una cuestión solo económica
Innovación: las ideas pueden transformar la realidad
Especialización inteligente: de elegir prioridades a construir sistemas
De la estrategia a la realidad: gobernanza, instrumentos y recursos
PCTI Euskadi 2030: futuro no es sinónimo de porvenir, porque el futuro se construye
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