Especialización inteligente: de elegir prioridades a construir sistemas
Durante mucho tiempo, la política industrial y científica se debatió entre dos enfoques aparentemente opuestos: apostar por unos pocos sectores estratégicos o repartir los esfuerzos de manera más o menos equilibrada. El primer enfoque corría el riesgo de equivocarse al elegir; el segundo, de no concentrar suficiente masa crítica en ningún ámbito.
A finales de la década de 2000, la Unión Europea intentó resolver esa tensión con un concepto que, con el tiempo, se ha vuelto central: la especialización inteligente. La idea era relativamente sencilla, aunque su aplicación no lo fuera tanto: no se trata de elegir sectores “ganadores” desde arriba, sino de identificar, a partir de las capacidades reales de cada territorio, aquellos ámbitos en los que es posible construir ventajas competitivas.
Euskadi fue uno de los territorios que adoptó este enfoque con mayor claridad. Y, en buena medida, su evolución reciente en materia de ciencia, tecnología e innovación no puede entenderse sin esta estrategia.
De la RIS3 a la RIS4: cuando el contexto obliga a evolucionar
La primera generación de estrategias —conocidas como RIS3— permitió ordenar prioridades y concentrar esfuerzos en ámbitos como la industria inteligente, la energía o la salud. Ese esquema funcionó bien en un contexto relativamente estable. Pero el entorno en el que se mueve hoy la innovación es muy distinto.
La transición ecológica, la digitalización acelerada, los cambios demográficos y las tensiones geopolíticas han introducido nuevas variables que no encajan fácilmente en una lógica de especialización entendida solo en términos económicos o tecnológicos. De ahí el paso hacia una nueva generación de estrategias, la RIS4, que incorpora de forma explícita la dimensión de la sostenibilidad.
El cambio es más profundo de lo que puede parecer. No se trata solo de añadir nuevas prioridades, sino de replantear el propio concepto de especialización: ya no se trata únicamente de competir mejor, sino de hacerlo de manera sostenible, resiliente e inclusiva.
Si se observa la evolución en otros territorios europeos, se aprecia una tendencia similar. Las estrategias de innovación han ido incorporando progresivamente objetivos ligados al clima, la cohesión social o la equidad territorial. La competitividad sigue siendo importante, pero ya no es el único criterio.
De sectores a sistemas
Uno de los cambios más relevantes que introduce esta evolución es el paso de un enfoque sectorial a un enfoque sistémico. En el modelo inicial, la especialización inteligente se asociaba sobre todo a sectores o ámbitos tecnológicos e industriales concretos. En el nuevo planteamiento, lo importante es la articulación de capacidades: científicas, tecnológicas, industriales y sociales.
La reformulación del PCTI lleva esta idea un paso más allá, configurando la RIS4 como un instrumento que no solo prioriza, sino que estructura el sistema de innovación en su conjunto. Este desplazamiento no es menor. En cierto modo, significa asumir que el valor no reside solo en cada uno de los elementos, sino en la forma en que se conectan.
Una arquitectura en varios niveles
Esta lógica sistémica se materializa en una estructura multinivel que organiza la especialización en cuatro planos interrelacionados: científico, tecnológico, industrial y comunitario.
El nivel científico aporta la base de conocimiento, a través de la investigación de frontera y de iniciativas como la estrategia IKUR y las áreas estratégicas de investigación e innovación sanitaria. El nivel tecnológico traduce ese conocimiento en capacidades aplicables, mediante tecnologías habilitadoras. El nivel industrial conecta con los sectores productivos, combinando especialización existente y nuevas oportunidades. Y el nivel comunitario amplía la lógica hacia el bienestar, la cultura o la cohesión social. No se trata de compartimentos estancos, sino de niveles que se retroalimentan.
Si se compara con otros modelos, esta estructura responde a una tendencia creciente a integrar dimensiones que antes se abordaban por separado. La innovación ya no se entiende únicamente como una cuestión de empresas o tecnologías, sino como un proceso que atraviesa toda la sociedad.
Activar en lugar de clasificar
Hay otro cambio significativo: la especialización deja de ser solo un ejercicio de clasificación para convertirse en un mecanismo de activación. Los Faros de Innovación cumplen aquí una función clave, conectando los distintos niveles y orientando los esfuerzos hacia proyectos concretos con impacto.
Esta idea enlaza con lo que en distintos contextos se ha denominado innovación orientada a misión: en lugar de limitarse a financiar actividades, se trata de movilizar recursos hacia objetivos compartidos. La diferencia es sutil, pero importante. No se trata solo de apoyar lo que ya existe, sino de generar dinámicas nuevas.
Un modelo que se revisa a sí mismo
Otro elemento relevante es el carácter dinámico de la estrategia. Frente a enfoques más rígidos, la RIS4 se concibe como un marco en revisión continua, capaz de adaptarse a cambios científicos, tecnológicos o sociales.
Si se mira hacia atrás, muchas de las especializaciones que hoy parecen evidentes no lo eran hace apenas una década. Y probablemente ocurrirá lo mismo en el futuro.
Europa como contexto y oportunidad
La dimensión europea añade una capa adicional de complejidad… y de oportunidad. El nuevo ciclo de programas europeos de investigación e innovación refuerza aspectos como la excelencia científica, la innovación disruptiva o el desarrollo del Espacio Europeo de Investigación.
Para territorios como Euskadi, la cuestión no es solo alinearse con estas prioridades, sino ser capaces de competir en ese entorno. La RIS4 actúa, en este sentido, como un instrumento que permite anticipar tendencias, movilizar capacidades y acceder a recursos en un contexto cada vez más competitivo.
Conectar lo que a veces se separa
Uno de los retos clásicos de las políticas públicas es la desconexión entre ámbitos: industria, por un lado, ciencia por otro, sociedad en un tercer plano. La evolución de la especialización inteligente apunta precisamente en la dirección contraria: reforzar la conexión entre estas dimensiones.
El Plan identifica áreas de mejora claras en este terreno, como la necesidad de fortalecer la relación entre política industrial e I+D+i o de facilitar la participación en programas europeos. Son cuestiones menos visibles que las grandes estrategias, pero decisivas para su funcionamiento.
Inteligencia artificial: Una especialización que atraviesa todo
Apenas se hacía referencia a la inteligencia artificial en la primera versión del PCTI Euskadi 2030 (había sido elaborado en 2019). En 2023, sin embargo, los grandes modelos de lenguaje hicieron acto de presencia. Y desde entonces nada ha sido igual.
En lo que a un plan como este se refiere, la irrupción de la inteligencia artificial refuerza aún más la lógica integradora que quiere caracterizar nuestra estrategia de especialización inteligente. Porque su impacto no se limita a un sector o a un nivel, sino que atraviesa todo el sistema: ciencia, tecnología, industria y sociedad.
Esto obliga a pensar la especialización no como una suma de ámbitos, sino como una red de relaciones.
De especializarse a transformarse
La evolución de la especialización inteligente refleja un cambio de enfoque más amplio. Se pasa de un modelo centrado en identificar prioridades a otro orientado a transformar el sistema en su conjunto.
Un modelo en el que la excelencia científica, la competitividad industrial y el bienestar social no aparecen como objetivos separados, sino como dimensiones interdependientes.
Esta idea de evolución recorre toda esta serie: en un mundo complejo, no basta con elegir bien en qué especializarse. Hay que ser capaz de articular esa especialización para que surta efectos transformadores.
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