Sr. alcalde.

Soy vecino de Leioa desde hace 45 años y le escribo para responder a unas declaraciones suyas en relación con el proyecto de construcción de un gimnasio en el monte Kurkudi.

El pasado 11 de mayo le entrevistaron para el espacio Boulevard, de Radio Euskadi, porque, a propuesta mía, íbamos a tratar el proyecto citado en la mesa de reflexión de los miércoles en la que charlamos Txani Rodríguez y quien suscribe, pastoreados por Xabier García Ramsden. Dado que apenas dispuse de tiempo para responder en antena a sus afirmaciones, he optado por recurrir a mis conjeturas para hacerlo con la extensión debida. Los asuntos acerca de los que respondo son los que salieron a colación en la entrevista, que incluyo al final de esta carta.

Sobre la afección del gimnasio y la ampliación de la edificabilidad:

Viene a decir que han autorizado una recalificación de la que usted mismo afirma desconocer sus consecuencias. Bien podrían levantar un edificio alto ocupando poco suelo, o expandirlo por la totalidad de los 27000 m2 cuya edificabilidad se ha autorizado. Ninguna de las opciones es buena. Una no lo es por la gran extensión del terreno que se ocuparía y la otra, por su efecto sobre el paisaje. Del tráfico rodado se ocupa usted (y un servidor) más adelante.

Sobre la recalificación del terreno:

En ningún momento aporta argumentos de orden ecológico que justifiquen la modificación de la calificación. Se remite al pasado para sugerir que hace 20 años actuaron, si acaso, con exceso de celo ambiental. En mi opinión, cuando un suelo goza de especial protección, si se pretende su recalificación para retirale esa protección, lo esperable de las autoridades es que la expliquen, que dejen claro cuál es el bien a preservar que justifica sacrificar el bien al que se renuncia. O, alternativamente, que aporten informes ambientales que justifiquen que la protección carece de sentido. Uste dice que habrá que tener mucho cuidado y muchísima más precaución, pero lo cierto es que por esa regla de tres, sobran las protecciones legales, bastaría con que el alcalde o alcaldesa del municipio del que se trate obligue al promotor a que declare bajo juramento que tendrán muchísimo más cuidado y muchísima más precaución. Y asunto resuelto.

Sobre la magnitud del impacto:

Nos dice, sr. alcalde, que hasta no tener el proyecto encima de la mesa no lo podrá asegurar, pero que no va a ser un impacto importante. En definitiva, parece haber hecho usted un acto de fe y nos pide que hagamos lo propio. Creo que no es de recibo tratar de justificar con lo que les haya dicho el promotor (“lo que nos están diciendo”) la creencia de que la nueva construcción no tendrá apenas impacto. En política no se piden actos de fe; se dan argumentos o se aportan pruebas que soportan lo que se dice.

Sobre los beneficios que se derivarían de la actividad económica:

Este es un clásico. Siempre que se quieren dejar a un lado consideraciones ambientales, el argumento es que se van a crear puestos de trabajo. Este parece ser el bien al que se pretende sacrificar la protección especial del que gozaba el terreno. No sé si es usted consciente de los extremos a que nos podría llevar esta lógica. Por cierto, esos 100 puestos de trabajo se podrían crear igual si el gimnasio se construyese en cualquier otro lugar. Kurkudi no aporta puestos de trabajo adicionales.

Sobre la oposición de los vecinos a la posibilidad de que pasen hasta 7000 coches al día por allí:

Dice usted que no serán tantos, que los 7000 son cifras máximas. De acuerdo, si usted lo dice, no serán 7000; pero sí serán miles de coches diarios, miles de vehículos gastando combustibles fósiles, miles de automóviles emitiendo a la atmósfera gases de efecto invernadero. Publica La Vanguardia una información según la cual, en el estado español, hoy mismo hemos gastado ya los recursos que el planeta es capaz de generar para su población en un año. No es que le dé un crédito absoluto a esas estimaciones, pero algo indican. Para usted, los supuestos 100 puestos de trabajo lo justifican.

Sobre el carácter de las críticas al proyecto:

Ninguna de mis críticas tiene nada que ver con una actitud previa con relación a esos “ciertos partidos políticos” a los que alude. De hecho, si hay partidos con los que he sido especialmente crítico en mis pronunciamientos en el pasado son los que hoy se oponen al proyecto.

Sobre el estado actual de la zona:

En su respuesta a la periodista de Radio Euskadi, introduce usted un elemento de confusión. Alude al mal estado del edificio, cosa que nadie niega. Pues bien, si esa edificación representa un peligro público y no se puede garantizar la seguridad de las personas que se introducen en él de forma imprudente, lo que hay que hacer es tomar las medidas que corresponda, incluido el posible derribo y acondicionamiento posterior de la parte de la parcela sobre la que se asienta el antiguo convento. Pero ese mal estado no es extensible a todo el terreno, puesto que la gran mayoría del suelo se halla en perfectas condiciones. De hecho, su estado ha mejorado desde que se declaró suelo de especial protección hace dos décadas. ¿No le dice nada esa mejora?

Sobre la “amenaza” de SOS Kurkudi de llevar al ayuntamiento a los tribunales:

La respuesta que da a esa cuestión tiene dos puntos a comentar. Por un lado, este no es un asunto meramente técnico. Es político. Las decisiones han de basarse en criterios políticos: ¿Estamos por políticas que priman la sostenibilidad? ¿U optamos por sacrificar el medio ambiente en el altar de unos supuestos bienes económicos? Los informes técnicos son necesarios, han de informar las decisiones y, en su caso, servir para evitar que se actúe de forma imprudente o ilegal. Pero un informe favorable no obliga a la autoridad a actuar. En ese sentido los informes técnicos no pueden ser determinantes. Si lo fueran no tendría ni que haber elecciones. No haría falta elegir al alcalde ni a los concejales; bastaría con depositar en manos de los técnicos las decisiones.

Por otro lado, se refiere usted al asunto de las vías de acceso a la carretera de la Avanzada. De eso no tengo nada que decir, salvo que no es buena idea mezclar asuntos. Emborrona el debate.

Nota final de la periodista: el ayuntamiento ha recalcado que al ser una empresa privada, no ha sido él el que elige el terreno donde se quiere hacer el gimnasio, sino que le ha venido dada esa petición.

Claro que no ha sido quien ha elegido la ubicación. Pero el ayuntamiento es el que debe dar viabilidad o no al proyecto, aceptando o rechazando la petición de recalificación. Y esa actuación municipal, como ya he señalado, ha de basarse en criterios políticos y venir informada por informes técnicos.

La entrevista al alcalde:

Quienes hayan llegado hasta aquí pueden escuchar la entrevista al alcalde aquí, del tiempo 2h 13’ 30’’ al tiempo 2h 30’ 30’’. O mucho más cómoda y directamente, aquí, porque eitb ha tenido la gentileza de publicar en la web la entrevista.

Sr. alcalde, me despido ya, no sin antes desearle acierto en su gestión. Nos va en ello parte de nuestro bienestar. No soy quién para dar consejos, pero permítame hacerle un ruego: cada vez que tome una decisión, levante la mirada, amplíe el foco, piense en las consecuencias agregadas de cada una de esas decisiones, siéntase corresponsable de ellas y, sobre todo, piense en el precedente que sientan.

Atentamente,

Juan Ignacio Pérez Iglesias.