Prevaricar y prevaricate no son amigos de verdad
Supe, gracias a Javier Armentia, de la existencia de una expresión formal para denominar eso que yo llamo ave_de_raciones. George K. Zucker las llamó, en un estudio del Quijote[1], “prevaricaciones idiomáticas”. En su día no le presté la atención debida a esa fórmula, pero hace unos días, al leer, mientras pedaleaba, “Unnatural causes”, la tercera novela de P. D. James, me encontré con la forma verbal “prevaricated”.
Desconocía que en inglés se utilizase el mismo término que en español nombra el delito que comete una autoridad, juez o funcionario cuando toma resoluciones injustas a sabiendas. Y el caso es que el contexto en que lo encontré en la novela de James no se prestaba a ese mismo significado. Temí que fueran falsos amigos.
Cuando le pedí al Kindle que me diera el significado de la palabra, me dijo que “prevaricate” significa “speak or act in an evasive way” (hablar o actuar de forma evasiva). Hice una consulta adicional en la aplicación Word Reference que llevo en el móvil y me dijo que significa “avoid telling the truth” (evitar decir la verdad), aunque la traducción al español que ofrecía era “tergiversar” o “desinformar” y, coloquialmente, “andarse con rodeos”.
La web Etimologías de Chile dice que, originalmente, «prevaricar», en latín quería decir “torcerse, desviarse del surco recto al labrar”, y que acabó adquiriendo un sentido moral.
Así pues, creo que podemos convenir en que «prevaricar» y «prevaricate» son falsos amigos, si bien es cierto que el actuar de forma injusta no está tan lejos de andarse con rodeos o de tergiversar las cosas al hablar. La expresión inglesa designa una actuación no del todo correcta; la española nombra u delito, que es algo más grave. Pero está claro por qué comparten origen y mediante qué sentidos metafóricos de “torcerse” han seguido el itinerario que ha llevado a la misma forma original a tener diferentes significados.
Conocer la etimología de las palabras me resulta apasionante. Por un lado, nos hace ser conscientes de los vericuetos que han recorrido las palabras hasta llegar a designar lo que nombran hoy. También nos habla de la enorme importancia de las metáforas como mecanismo de evolución lingüística, precisamente por la gran potencia expresiva que tienen. Y finalmente, nos permite alcanzar una comprensión más profunda, más completa, del idioma que hablamos. Y, de ese modo, un más completo conocimiento o comprensión de la realidad.
Vuelvo ahora al punto del que he partido. El caso es que, después de desentrañar la vida y milagros de prevaricar, me ha entrado una duda acerca del sentido de la expresión de George Zucker, neoyorquino de nacimiento. Porque lo cierto es que, ni en su acepción anglo ni en la hispana, se acomoda el término prevaricación a eso que yo denomino “avederración”. Ni tampoco a las que Cervantes pone en boca de Sancho en el Quijote, por cierto.
[1] Zucker, George K. «La prevaricación idiomática: un recurso cómico en el Quijote», Thesaurus, 28 (1973), 515-525.
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