No le crean
Ezra Klein es columnista y podcaster en The New York Times. Hace unos meses me podía permitir el lujo de dar largos paseos y escuchar su podcast de entrevistas “The Ezra Klein Show”. Ahora, salvo conjunción astral afortunada, no puedo. El caso es que el podcast del 2 de febrero de 2025 me produjo una impresión duradera. Ha pasado más de un año y me viene a la cabeza cada vez que veo una portada de prensa, sobre todo en las ediciones digitales.
De aquel epacio (que, excepcionalmente, no fue una entrevista), he extraído algunos párrafos sueltos, aunque el título es sobradamente expresivo: Don’t believe him. Los he puesto a continuación. Son párrafos sueltos y escogidos por mí. El monólogo de Ezra Klein era más largo, bastante más. Pero esos párrafos me sirven para lo que me interesa. Se verá al final. Son los siguientes:
Si quieres entender las primeras semanas del segundo mandato de Trump, deberías escuchar lo que Steve Bannon le dijo a «Frontline» PBS en 2019:
Steve Bannon: “El partido de la oposición son los medios de comunicación. Y los medios, como son tontos y perezosos, solo pueden concentrarse en una cosa a la vez. … Lo único que tenemos que hacer es saturar el espacio. Todos los días les lanzamos tres ataques. Morderán uno y lograremos todo lo que nos proponemos. ¡Bang, bang, bang! Estos tipos jamás podrán recuperarse. Pero tenemos que empezar a la velocidad en boca de cañón[1]. Así que tiene que empezar, y tiene que golpear, y tiene que…”
Las dos primeras semanas de Donald Trump en la Casa Blanca siguieron la estrategia de Bannon al pie de la letra. El objetivo era la avalancha de información. El objetivo era la presión. El mensaje no residía en una sola orden ejecutiva o anuncio, sino en el efecto acumulativo de todos ellos. La sensación de que este es ahora el país de Trump. Este es ahora su gobierno. Obedece su voluntad. Hace lo que él quiere. Si Trump le ordena al estado que deje de gastar dinero, el dinero se acaba. Si dice que la ciudadanía por derecho de nacimiento ha terminado, se acaba.
O al menos eso quiere que creas. Durante el primer mandato de Trump, nos dijeron: No lo normalices. En el segundo, la tarea es diferente: No le creas.
Si uno está siempre absorto en el próximo escándalo, no puede analizar con detenimiento el anterior. La impresión de poder de Trump persiste; se pasa por alto que sigue cometiendo errores. La proyección de fortaleza oculta la realidad de su debilidad. No le crean.
Esa es la tensión que subyace a toda la estrategia de Trump: actúa como un rey porque es demasiado débil para gobernar como un presidente. Intenta sustituir la realidad por la percepción, con la esperanza de que esta se convierta en realidad. Eso solo sucederá si le creemos.
Lo que Trump quiere que veas en toda esta actividad es control. En realidad, lo que hay es caos. No poseen una reserva secreta de concentración y atención de la que el resto de nosotros carecemos. Se han convencido de que la velocidad y la fuerza constituyen una estrategia en sí mismas, que, en cierto modo, sustituyen a una estrategia real. No les creas.
Las dos primeras semanas de la presidencia de Trump no han demostrado su fortaleza. Está intentando abrumarte. Está intentando desorientarte. Está intentando convencerte de algo que no es cierto. No le creas.
No le creas.
Este episodio me pareció un ejemplo de buen juicio y conocimientos de comunicación política. Y lo he recordado estas semanas porque desde que empezó la guerra contra Irán, Donald Trump no ha hecho más que bombardear el espacio comunicativo, tratar de abrumar al mundo con el espejismo de que va a destruir (o, incluso, que ya ha destruido) Irán.
No lo ha conseguido. Y todo hace indicar que no lo conseguirá. Esta guerra será uno más de los fiascos bélicos estadounidenses que han sido desde que terminó la II Guerra Mundial.
Eso sí, en el camino, está ocasionando miles de muertes –que es lo realmente trágico— y devastación. Y, de paso, da vida política y es cómplice activo del mayor criminal de guerra del siglo XXI, Beniamin Netanyahu.
Y, sin embargo, no hay día en que la prensa, la de nuestro país, no publique la última baladronada, el último exabrupto, la última amenaza de Trump. O la última rectificación. No importa que se desmienta a sí mismo, que se contradiga, que mienta descaradamente, que amenace en vano un día sí y otro también. No importa que lo que dice no valga lo que vale un billete de Monopoly.
Y, como la prensa, los mercados. Las bolas suben o bajan, y el petróleo baja o sube, dependiendo de la última evacuación del gran bufón.
¿Cómo es posible que dos meses después de empezar la masacre y a la vista de lo que (no) ha ocurrido pueda influir lo que ese hombre diga en las decisiones de compra o venta en la bolsa? ¿Qué inteligencia (artificial) es esa que guía la deriva de los mercados? Y no me digan que las decisiones son racionales. No lo son. Nada de lo que dice es relevante; no tiene correlato alguno con la realidad.
Su único poder se basa en el caso que le hacen los medios. Es, a la vez, instructivo y grotesco.
Lo único que podemos sacar en limpio de todo esto es que vivimos inmersos en un entorno y contexto de máxima incertidumbre. Sí, eso es malo para la economía, porque las decisiones de inversión se retraen. Y todo esto genera ansiedad a mucha gente. Pero ¡por el amor de Dios! eso -la incertidumbre, la retracción de las inversiones, la ansedad- es así al margen de los exabruptos del gran cantamañanas . Si acaso, se podrá entender que sus actuaciones, las de su ejército, tengan reflejo en los medios y afecten a la marcha de los mercados.
Pero nadie en su sano juicio puede tomarse en serio nada de lo que diga.
Don’t believe him.
No le crean.
Aunque llene portadas. No le crean. No solo es inútil; es patético. No le crean. Pero antes incluso de no creerle, ¡no le hagan caso!
[1] Muzzle velocity dice Bannon. Google lo traduce como velocidad inicial, pero es más correcto traducirlo como velocidad en boca de cañón; esto es, la máxima velocidad que adquiere un proyectil. Podría ser también “a toda velocidad”, pero esta expresión del castellano se queda corta.
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